
La última vez que fui al médico fue el mes pasado y para ser exactos visité el hospital para un análisis de sangre. Por lo normal no conoces a nadie o ves a un par de ancianos que comentan entre ellos cuantas operaciones han tenido, de qué padecen, etc. pero de un punto de vista a cual peor gana.
Quizás en el hospital no pasa nunca o casi nunca debido a la fluidez que van siendo atendidos pero en los médicos de cabecera... ¡eso es un mundo! Te puedes enterar que su contraseña de seguridad es la fecha en la que le extirparon el apéndice. Tú estás ahí callado mientras ellos disfrutan a ver si ganan este asalto.

Otras de las veces que tengo en cuenta fue mi padre durante una de sus primera visitas al llegar a Mataró. Fue solo al hospital que aunque no conociera la ciudad no estaba tan hecho polvo como para no poder subir hasta él. Una vez allí pasó más de lo mismo, tranquilamente se pone a leer una revista mientras todos los que están a su alrededor no paran de contar sus batallitas con el médico. A mí me da que querían
llamar la atención de las hembras... creo que sí. Al final cuando llaman a mi padre, enseguida lo ven de manera alarmante le dicen que se siente que en seguida le traen una silla de ruedas. A primera vista todos se callan y están atentos... aunque se marchó y seguían callados.
Por último, creo que esta costumbre se está extendiendo entre los jóvenes
veinteañeros. Que si esta cicatriz fue de aquello, que si el hueso se me partió y lo utilicé de cucharón, bueno un sin fin de mismos combates para ver quién es el más hecho polvo.

Esta entrada no es muy común por aquí, es más, es una estúpida entrada para pasar el rato hasta que encuentre algo nuevo que poner. Quizás así, me venga algo a la mente... aunque lo único que tengo es el préstamo para el coche que iremos a buscar este sábado a Alicante junto con todos los trámites que tengo que hacer...